“El Brusi”

Xavier Batalla comenzó a trabajar en el Diario de Barcelona 1977, como redactor jefe a las órdenes del director, Tristán La Rosa.

“Al incorporarse al Diario de Barcelona Xavier efectuó un salto cualitativo en su manera de ejercer como periodista. Este rotativo vivió en 1976, con la llegada a la dirección de Tristán La Rosa, una breve www.allthestuffyoucareabout.com wolhynia com pero muy intensa etapa de modernización, de reflexión interna sobre como debían plantearse los periódicos en un tiempo de cambios trascendentales como los que vivía tras la muerte de Franco la sociedad española y catalana, y una evidente mejora de la calidad en todos los sentidos. Tristán inmediatamente después de incorporarse al Brusi contrató a Batalla y éste, con galones de redactor-jefe, pasó a organizar diariamente todas las áreas informativas del diario. Eso le obligó a relegar la atención prioritaria a la política internacional a la condición de hobby para los ratos libres, aunque en esa etapa prosiguió privadamente la elaboración de su archivo doméstico aprovechando las experiencias clasificatorias del buen servicio de documentación que tenía el Brusi.

Este sacrificio temporal de su especialidad tuvo una contrapartida excepcional: su encuentro y sintonía con Tristán La Rosa, un veterano sabio, de primerísimo nivel, de lo mejor que existía en el periodismo español, pero a los ojos de Xavier con el atractivo añadido de ser un muy experimentado profesional en el área internacional a través de largos años como corresponsal de La Vanguardia en Londres y París, así como desde destinos temporales en Nueva York, Roma y Moscú. Se hicieron amigos de verdad. Pasaban parte de las largas horas nocturnas de espera de las pruebas de las páginas que se iban a publicar al día siguiente enzarzados en analizar temas como la guerra fría, las dos Alemanias, el proyecto de Europa o la calidad de las democracias de nuestro entorno. Y, ojo, discutían. Al maestro le encantaba forzar diferencias de criterio, y a Xavier tomar notas de los puntos conflictivos de estos debates particulares para iniciar después, en casa, la búsqueda de datos y argumentos para insistir en sus propias tesis en cuanto fuese posible reanudar la conversación.” (Antonio Franco)

Tristán era licenciado en Filosofía y Letras y Doctor en Derecho. Hablaba cinco idiomas. Fue el primer periodista español que pudo entrar en la Unión Soviética y uno de los seis periodistas de todo el mundo que presenció en Israel el juicio al nazi Adolf Eichmann en 1962.

Tristán había sido corresponsal de La Vanguardia en Londres y en París donde se relacionó con los círculos democráticos, llegando a ser Presidente de la Junta Democrática.

En 1990 Tristán murió de un tumor cerebral, casualmente la misma enfermedad que acabó con Xavier Batalla, quien le dedicó estas palabras desde las páginas de El País:

“Un viejo dicho inglés afirma que la libertad de expresión es la que tienen todos los ciudadanos de andar por la calle, pararse, mirar lo que pasa y contarlo a los demás. Esta fue la función como corresponsal de Tristán la Rosa.

A Tristán le conocí como director, cuando, en una primavera política, procuraba con éxito que los periodistas de su redacción pudieran trabajar en libertad.

Intelectual riguroso, obsesionado con la perfección, interesado por lo universal, su casa era el periodismo de calidad. Con Tristán desaparece un ilustre representante de la cultura periodística de la memoria, del conocimiento. Su gran calidad, como amigo y periodista, mereció ser conocida, pararse y contarla a los demás.”

Como ha explicado Antonio Franco, Xavier Batalla y Tristán La Rosa sintonizaron perfectamente desde el primer momento. José Antonio Sorolla, entonces www.allthestuffyoucareabout.com wolhynia com compañero de redacción en el Brusi, hablando de aquellos tiempos dice «[…] Xavier pronto fue uno de los miembros del staff preferidos de Tristán La Rosa. Quizá por su especialidad común en internacional y porque sus virtudes eran comunes, Tristán congenió rápidamente con Xavier y lo mismo sucedió al revés «.

Jaime Arias, con quien más tarde coincidiría en La Vanguardia y con quien le unía una relación de profunda estimación, explica de qué manera oyó hablar por primera vez de Xavier:

«Oí hablar de Xavier, por primera vez, en 1977, de boca de uno de sus descubridores, Tristán la Rosa, entonces director del Diario de Barcelona, que presumió del hallazgo de una nueva perla del periodismo que tenía la obstinada afición de escuchar la emisora BBC. A primera hora de la mañana, Xavier ya estaba al tanto de lo que realmente pasaba en el mundo. Eran tiempos de desafío e interferencias absolutistas, que estorbaban la captura de las ondas de libre expresión. «

Una treintena de miembros de la redacción del Diario de Barcelona se solidarizaron con Tristán La Rosa y ejercieron la cláusula de conciencia por primera vez en España, consiguiendo que este derecho se recogiera en la Constitución. Se despidieron de su director entonando «Els Segadors» en la rotativa del diario.

Xavier Batalla fue uno de los treinta periodistas despedidos en 1978 cuando su propietario, José María Santacreu, propietario también del Banco de Huesca y notorio vendedor de automóviles, decidió dar un giro ideológico en el diario, apostando por la «vía Fraga «, es decir, ni reforma esencial ni ruptura, como solución de Gobierno para atenuar los problemas que padecía la esfera conservadora española tras la muerte de Franco, y consideraba como a sus columnistas favoritos al periodista Emilio Romero, antiguo director del diario de los sindicatos verticales, y a  Ricardo de la Cierva, historiador muy apreciado por no haber criticado lo que había sucedido en España inmediatamente después de la guerra civil.

“Delante suyo Tristán y la redacción apostaban por un cambio democratizador, preferían líderes políticos que no se hubiesen ensuciado las manos durante los años sin libertades, y se sentían mejor representados en las páginas de Opinión por el profesor González Casanova, el entonces abogado progresista Manuel Jiménez de Parga, el economista Ramón Tamames, el historiador Hugh Thomas o el filósofo catalán Xavier Rubert de Ventós.

La tensión de fondo que existía en el Diario de Barcelona se concretó. Una noche Santacreu se presentó en el despacho del director con una lista de nueve redactores que la policía le había dicho que eran comunistas, y exigió su despido fulminante. Tristán consiguió evitarlo pero con un gran desgaste personal que se tradujo poco después en su despido”. (Antonio Franco)

Santacreu destituyó a su director, Tristán La Rosa, con la oposición expresa de la redacción y nombrando como nuevo director Antonio Alemany, un mallorquín que en 2012 fue condenado a tres años de prisión por sus negocios con el expresidente balear del Partido Popular (PP), Jaume Matas, a quien le escribía los discursos. Manuel Milián Mestre, consejero delegado de la empresa, poco después vinculado al PP y que en 2011 pasó a defender la independencia de Cataluña, secuestró un número del diario en el que sus trabajadores querían publicar una carta de apoyo a Tristán la Rosa y su equipo, pidiendo explícitamente a Antonio Alemany que no aceptara el cargo.

Xavier Batalla pasaría los siguientes meses en el paro y no volvería a pisar la redacción de un diario hasta septiembre de 1982.