El primer periódico en el que trabajó fue El Correo Catalán, rotativo fundado en 1876 de orígenes carlistas pero que cambió de nombre y de tendencia política varias veces a lo largo de su historia.

A partir de 1958, con Andreu Roselló y Manel Ibanez Escofet al frente, se convirtió en una publicación que defendía el catalanismo moderado. En los años sesenta los grandes industriales del algodón lo modernizaron y en 1974, el Consejo de administración pasó a manos de Jordi Pujol y, por tanto, de Convergència Democràtica de Catalunya. El diario desapareció definitivamente en 1985.

«Desde 1960, los representantes del sector industrial de algodón de Cataluña, que se había convertido en mayoritario en el consejo de administración de El Correo Catalán, promovieron mejoras decisivas en las distintas secciones del periódico. “Opinión”, “Comarcas» y “Local «, si no recuerdo mal, fueron las primeras en transformarse, mientras que aplazaban una y otra vez la intervención en «International», una zona en la que el periódico no había sido considerado nunca especialmente competitivo. Es por ello que el ingreso de Xavier Batalla en la redacción de El Correo en 1972, fue valorado como la conquista de la última trinchera de cara al rejuvenecimiento del diario. Desde mi área de Cultura, acostumbrada a curiosear sobre las interioridades de la casa, vi rápidamente que el estilo riguroso y reflexivo de Batalla, auxiliado, ya entonces, por un aparato documental muy bien estructurado, del cual él mismo se había dotado- y que en más de una ocasión mostró con orgullo-, contribuiría decisivamente a relanzar Internacional y la solidez y el prestigio de la sección.

Por aquella época y gracias a un azar afortunado, tuve la oportunidad de visitar Cuba y participar, acompañado por Xavier Batalla, en la denominada Brigada Internacional “José Martí” integrada por universitarios y profesionales de toda Europa occidental. De España, que era invitada por primera vez, fue gente de Barcelona, Madrid y País Vasco. Era el mes de septiembre de 1974 y además del interés por todo lo que vimos y oímos, las cinco semanas de convivencia con el compañero del periódico, me confirmaron su talla intelectual y un sentido crítico muy preciso del que ya había dado muestras en el Grupo Democrático de Periodistas. Sobre el terreno, su análisis sobre la desastrosa situación económica y política de Cuba y las debilidades y contradicciones del régimen castrista, hicieron muy provechoso el viaje. De las incipientes virtudes diplomáticas del añorado amigo me ilustra una conferencia que dictamos a unos cuadros subalternos del partido comunista –los encargados de que los” brigadistas” no tuviéramos demasiado tiempo libre. Después de una breve exposición mía, a modo de «telonero” sobre el panorama social i cultural de Catalunya, Batalla habló España y Portugal, donde hacía pocos meses de la «revolución de los claveles», para denostar, con tanta fuerza como habilidad, a las dictaduras y sus nefastas consecuencias. Las experiencias del viaje las publicamos juntos en serie de reportajes en el Correo. Aunque sospechamos la inutilidad de nuestra demanda, nos trajimos de nuestra estancia en Cuba la frustración por no poder entrevistar a Fidel Castro, como pedimos por todos los medios posibles y a pesar del cuestionario nos sugirieron preparar.

de la muerte de Franco, El Correo no supo estar a la altura de las posibilidades que se abran a un periodismo en libertad y Xavier Batalla dejó el periódico para entrar el Brusi y más tarde a El País. Nuestra amistad, sin embargo, nunca se debilitó y me alegró su entrada en La vanguardia en 1986, un año después de que yo iniciara allí mis colaboraciones y donde, por cierto, se convertiría en el especialista en información internacional con más prestigio y autoridad del país «. (Joan Anton Benach)

«Batalla, que era un hombre serio y consecuente, nada dado a las emociones poco fundamentadas, valoró siempre la relevancia que para El Correo Catalán tenía la figura del director Andreu Rosselló, quien siempre se había encontrado un poco desdibujado por la capacidad comunicativa de Ibáñez Escofet, especialmente entre un sector de jóvenes periodistas.

Y fue en El Correo donde Batalla presenció por primera vez los conflictos que genera la confluencia entre los medios de comunicación y la política, como resultado de la compra del diario por Jordi Pujol «.(Xavier Roig)

Batalla entró en El Correo Catalán en 1972 como redactor de la sección de Internacional. A pesar de la precariedad económica de los medios en aquella época, el equipo formado por Jordi Daroca como jefe de sección, Albert Garrido, Xavier Batalla y, posteriormente, Miguel Ángel Bastenier, logró crear una sección digna de competir con las de periódicos con muchos más recursos. El entusiasmo, las horas dedicadas al Trabajo, la documentación, la información que, a falta de corresponsales, era cubierta escuchando la BBC o la Voz de América y su insistencia en subrayar la importancia de la información internacional, consiguieron que el diario accediera a enviar a sus redactores para cubrir varios eventos internacionales. Este fue el caso de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa, en Helsinki, donde Batalla cubrió la decisiva sesión del 30 de julio al 1 de agosto de 1975 entre Estados Unidos, Canadá, la Unión Soviética y todos los países europeos, incluyendo a Turquía y a excepción de Albania y Andorra. Esta cumbre fue el punto de partida de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), para poner fin a la fricción causada por la guerra fría.

Batalla también fue testigo del nacimiento del compromiso histórico Italiano promovido por Enrico Berlinguer, Secretario general del PCI (Partido Comunista Italiano), que proponía la unión de todos los partidos políticos nacionales en un gobierno de emergencia para paliar la crisis que vivió la Italia de los años setenta. Cubrió las elecciones de junio de 1976 en las que el PCI se situó como segunda fuerza a poca distancia de la Democracia Cristiana y muy por encima del resto de partidos. El compromiso histórico nunca llegó a establecerse, principalmente a causa del secuestro y asesinato en mayo de 1978 de Aldo Moro, entonces primer ministro y presidente de la Democracia Cristiana, por las Brigadas Rojas, aunque la masonería y la CIA americana estaban también bajo sospecha.

Un año más tarde se oficializó el eurocomunismo, movimiento caracterizado por su rechazo del modelo comunista soviético y la aceptación del modelo democrático y el multipartidismo, con la reunión en Madrid de los líderes de los partidos comunistas de Francia, Georges Marchais, de España, Santiago Carrillo y el italiano Enrico Berlinguer.

La convulsa situación en América Latina y el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 en Argentina llevaron Xavier Batalla a enfocar sus crónicas en esa zona, así como en sus vecinos de América del norte, Estados Unidos y Canadá, países que visitó en 1972 cubriendo las elecciones en ambos, con el triunfo de Richard Nixon sobre George McGovern en Estados Unidos y el Partido Liberal de Pierre Elliot Trudeau en Canadá. En 1976 regresó a Estados Unidos, donde fue testigo de la victoria del demócrata Jimmy Carter sobre Gerald Ford, sin dejar de lado el seguimiento del escándalo Watergate que supuso el fin de la carrera política de Nixon.

Algunos de estos viajes no fueron financiados por el periódico. Los pagó él de su bolsillo y a expensas de días de vacaciones, sintiéndose recompensado por el hecho de haber podido ser testigo de aquellos acontecimientos y de haberlos podido relatar en sus crónicas.

Este es un hecho que se repetiría durante toda su carrera. Él aprovechaba las vacaciones para viajar al extranjero y no lo hacía como un turista. Siempre procuraba entrevistarse con personalidades , se interesaba por la problemática de los lugares que visitaba, hablaba con la gente y buscaba la cara menos amable par tratar de entender mejor las realidades de cada lugar. De regreso siempre tenía suficiente material para escribir un artículo.