XAVIER BATALLA
DOMINGO, 22 DICIEMBRE 1991
La muerte de la Unión Soviética ha sido anunciada en tantas ocasiones que los soviéticos, si quedan, no deben saber ya a qué atenerse. La URSS ingresó en la UVI a finales de agosto de 1991, después del golpe fallido protagonizado por los penúltimos del Kremlin. Pero, ¿cuándo el encefalograma comenzó a dar plano? ¿Cuándo Eltsin, en noviembre, se negó a firmar el tratado de la Unión que patrocinaba Gorbachev o cuando, el pasado 8 de diciembre, los presidentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania anunciaron en Brest su Comunidad de Estados Independientes? Lo mejor para no pillarse los dedos ha sido hasta ahora fechar la muerte coincidiendo con el último terremoto político, pues lo que parece incontestable es que el invento ya no se mueve. Así, todo parece indicar que el acta de defunción retendrá para la historia, a finales de año o principios del que viene, el momento en que Eltsin decida desconectar todos los tubos que prolongan artificialmente la vida del último imperio.
El proceso ha sido complejo: primero, después de que toda república que se preciara se declaró centrífuga, la operación necesaria para Gorbachev fue la de sumar, aunque fuera peras (Ucrania, por ejemplo) con melones (Kirguizia, por poner otro -ejemplo), en su afán de acercarse al ya inalcanzable 15, la cifra total de repúblicas antes de que los bálticos tomaran las de Villadiego. Eltsin, por su parte, estaba entonces empeñado en restar, para que a su rival no le salieran las cuentas.
Pero las cosas cambiaron. Y Eltsin, con su Comunidad de Estados Independientes, comenzó a interesarse por la suma, al tiempo que Gorbachev se empeñó en restar, en la esperanza de que los melones asiáticos valieran tanto como las peras eslavas. El presidente ruso se ha salido con la suya: sus sumas y restas sirvieron ayer en Alma Ata para que el resultado fuera once repúblicas a favor del entierro de la URSS; es decir, tres-más de las que parecían dispuestas a respaldar el proyecto de unión patrocinado por Gorbachev.
Y después de Gorbachev, ¿qué? ¿la Unión Soviética, menos los países bálticos, pero con otro sistema y, claró está, otro nombre? No es seguro. ¿Boris Eltsin como nuevo zar de todas las Rusias, entendidas éstas como Rusia y una caja de melones? Los ucranianos, de entrada, dicen que no. Los dirigentes ucranianos y los bielorrusos, pero los primeros son los que más preocupan a la Rusia conversa al atlantismo.
Ucrania, que para los historiadores rusos es la cuna de Rusia, ha sido la tumba de la URSS, según mantiene su presidente, Leonid Kravchuk, que no se equivoca cuando afirma que todo empezó cuando Eltsin condicionó su apoyo a la Unión de Gorbachev a que Ucrania la aceptara. Ucrania se negó entonces y ahora, después de que su Parlamento haya modificado el acuerdo de Brest, explica su compromiso con Eltsin como una alianza circunstancial para destruir el centro, no para limitar su independencia. Eltsin, de momento, prefiere imitar a Erich Honecker con su plan de casa, coche y dacha para los militares.
Artículo completo: LVG19911222-Después, ¿qué?