El embajador soviético que presenció la derrota en Afganistán
XAVIER BATALLA
DOMINGO, 16 DICIEMBRE 2007
Yuli Vorontsov, el embajador que presenció desde su residencia la derrota y retirada soviética de Afganistán, murió el pasado miércoles, a los 78 años, en Moscú. Cuando las tropas soviéticas invadieron Afganistán en 1979, sus dirigentes creyeron que todo iba a ser cuestión de semanas. Los soldados soviéticos, que fueron enviados para apuntalar a un aliado en el bajo vientre del imperio, permanecieron en el país durante un decenio, antes de emprender una humillante retirada entre 1988 y 1989, cuando Vorontsov representaba a la Unión Soviética en Kabul.
Graduado en 1952 por el Instituto de Relaciones Exteriores de Moscú, la principal academia diplomática del régimen, Vorontsov fue un personaje de la guerra fría. Fue embajador en India y Francia, y responsable del equipo negociador sobre control de armamento con Estados Unidos, antes de ser enviado a la capital afgana en lo que sería la fase final del conflictoen el que Osama bin Laden se doctoró en terrorismo con financiación saudí, información pakistaní y armamento suministrado o financiado por Estados Unidos.
Vorontsov pudo entender entonces lo que significó Vietnam para Estados Unidos, la otra superpotencia de la guerra fría. Uno de los análisis más detallados de aquel conflicto afgano ha sido realizado por Lester Grau, teniente coronel estadounidense retirado y especialista en Rusia. En su estudio, Grau subraya cómo las fuerzas soviéticas eran muy superiores, en preparación y en tecnología, a las afganas. Pero tanto sus tanques como su artillería pesada se mostraron poco útiles en un terreno montañoso y frente a un enemigo con gran movilidad. Los soviéticos no tardaron en controlar las principales ciudades afganas y los centros de comunicación, pero fueron derrotados en campo abierto.
El Ejército soviético, según Lester Grau, estaba integrado por reclutas sin experiencia. Y la baja moral condujo a muchos de ellos a vender su armamento por dinero y droga. Además, estaban mal equipados, empezando por un camuflaje diseñado más para las llanuras europeas que para las montañas y los desiertos de Afganistán. La mala intendencia, con pésimas raciones y bajos niveles de higiene, hizo el resto, lo que se tradujo, entre otras cosas, en que las tres cuartas partes del destacamento soviético
fueran víctimas de múltiples enfermedades. Es más, lo habitual era que las fuerzas afganas que combatían con los soviéticos desertaran.
Fuentes del antiguo mando soviético mantienen que el fracaso se debió a que Moscú no envió fuerzas suficientes. Las cifras, sin embargo, son reveladoras. Hasta un total de 620.000 soldados participaron en la guerra, aunque también es cierto que en suelo afgano nunca lucharon más de 100.000 soviéticos al mismo tiempo.
La guerra, declarada por Leonid Brezhnev pese a los recelos de Vitali Schlikov, antiguo responsable de la inteligencia militar, costó a la Unión Soviética 15.000 soldados muertos y otros 50.000 heridos.
Vorontsov, con la derrota, tuvo que cambiar de puesto de trabajo: de embajador en Kabul pasó a ser el representante soviético ante la ONU. Y poco después también tuvo que cambiar de Estado, ya que la Unión Soviética se hundió irremediablemente.
El presidente Boris Yeltsin le nombró entonces embajador de Rusia en Washington, y más tarde regresó a la ONU como enviado especial para coordinar la búsqueda de desaparecidos en la guerra del Golfo (1990-91). Vorontsov murió el miércoles, días después de regresar de Kuwait.
Artículo completo: LVG20071216-Moscú, París, Kabul