Negociar o no
XAVIER BATALLA
DOMINGO, 15 JUNIO 2008
Hace ahora dos años, el ex presidente Felipe González se las tuvo en Sevilla con el entonces embajador de Israel, Víctor Harel, a propósito de Hamas, el movimiento islamista que controla Gaza desde hace exactamente un año. En su intervención en un seminario organizado para conmemorar el establecimiento de relaciones diplomáticas entre España e Israel, González, a preguntas de este corresponsal, afirmó: “Hay que hablar con Hamas”. El embajador Harel mostró abiertamente su disgusto. “Hamas es una organización terrorista. Nadie en Israel, incluidos sus amigos socialistas, dicen que hay que hablar con Hamas”, dijo. Felipe González replicó: “Hamas fue en parte una iniciativa de Israel”.
Dos años después, el debate continúa. Hamas, para la Unión Europea, es una organización terrorista, pero Hamas, según la Unión Europea, ganó limpiamente las elecciones palestinas celebradas hace dos años. ¿Hay que negociar o no, entonces, con Hamas? Dicho de otra manera: ¿Hay que esperar a que el enemigo cambie para abrir un proceso negociador o hay que actuar con el convencimiento de que será el mismo proceso el que hará cambiar las posiciones del enemigo? La posibilidad de arriesgarse es la que marca precisamente la línea divisoria entre los partidarios de abrir un proceso de paz aunque no se den todas las condiciones favorables y quienes se oponen frontalmente a ello.
La comunidad internacional ha impuesto a Hamas tres condiciones: el reconocimiento de Israel, la renuncia a la violencia y el compromiso de respetar los acuerdos firmados entre palestinos e israelíes. Pero Hamas no ha dado su brazo a torcer. ¿Cabe, entonces, la posibilidad de arriesgarse en un proceso de paz? Israel y Estados Unidos insisten en que el enemigo cambie antes.
Hamas se alimenta de la política israelí de hechos consumados. Israel sigue trazando unilateralmente sus fronteras y ampliando los asentamientos, extremo que no establece la hoja de ruta del Cuarteto (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y ONU). Y para escapar de este círculo vicioso, tan antiguo como el mismo conflicto, el movimiento islamista hizo en su día una declaración en la que reconocía a Israel como “una realidad”. Esto resulta insuficiente para Israel. Y es lógico que así sea. Un oficial israelí, citado por The Guardian , replicó que la declaración no aclaraba nada. “Yo reconozco el sida como una realidad, pero esto no impide que quiera derrotarlo y destruirlo”, argumentó. Sin embargo, Israel, con la exigencia de que el enemigo le reconozca, implícitamente también reconoce que la negación es ya la última baza que le queda a Hamas. Tony Blair, representante del Cuarteto, reconoció el pasado mes de marzo que hace falta “una nueva estrategia en Gaza”, porque la del aislamiento como represalia al dominio de Hamas ya no funciona.
Artículo completo: LVG20080615 Negociar o no